miércoles, agosto 01, 2007

Pregunta: “¿Qué es un jugador del Madrid?”

Respuesta: “Lo que no puede ser Raúl”

“¡Oh!, ¡Ah!... ¡uyloquehadicho!:¡Que Raúl no puede ser jugador del Madrid!”. Sí, entiendo que la frase soltada así, a lo burro, pueda dar lugar a esa confusión. Pero no van por ahí los tiros. A lo que me refiero es que cualquier jugador del Madrid puede ser definido mediante esa negación. Por ejemplo: Pepe es central del Madrid... porque Raúl no puede ejercer esa función; Casillas es el portero del Madrid... porque Raúl no puede tocar el balón con las manos en su propia área (vale, en la contraria tampoco, pero ahí es que toca más bien pocos balones, la verdad) y así podemos seguir con todos y cada uno de los jugadores de la plantilla madridista.

Zidane se fue del Madrid. Antes que él se había ido Figo. La temporada ha sido la última de Beckham y Roberto Carlos vistiendo la elástica merengue. Conclusión: no tenemos un especialista que lance las faltas e inicie las jugadas a balón parado, pero sobre todo lo primero. Reyes podría haber sido un buen recambio pero le hemos dejado marchar al Atlético para que le abucheen. La lógica dicta que sea Guti quién asuma esa responsabilidad. Pues bien, ayer mientras el Madrid era vapuleado por el equipo germano del Hannover 96 surgió la oportunidad de convertir un lanzamiento directo sobre la portería alemana con el rubio mediapunta en el terreno de juego. ¿Y quién fue el que pateó el balón? En efecto, Raúl. Uno tiene ya sus añitos, pero no recuerdo haber visto jamás al Pollo ejecutar un lanzamiento de falta directa. Pero lo tiene que hacer él. Pollo hasta en la sopa. El niño en el bautizo, el muerto en el entierro y la novia en la boda. Raúl asumió la responsabilidad y, afortunadamente para él, ningún espectador del segundo anfiteatro recibió el impacto, porque –como no podía ser de otra manera- el balón salió unos cuatro metros por encima del larguero.

Raúl no tiene el don de la ubicuidad, pero no será por falta de ganas. Hasta que la ciencia consiga la clonación humana y podamos tener a once raúles en el campo no le queda otra que jugar de mediocampista, extremo, lateral, de lo que haga falta: de vendedor de bufandas en la entrada del Bernabéu, de acomodador en la grada, de público si hace falta, ¡pero que a nadie se le ocurra dudar de sus ganas de servir al Real Madrid, de su capacidad de entrega, sacrificio y generosidad!, cielos, no. El problema es que cuando alguien trata de hacer todo eso a la vez, no puede definirse como esa característica intrínsecamente unida a la humildad que denominamos “generosidad”, sino todo lo contrario: es afán de protagonismo, ganas de chuparle cámara a los demás, pasión por llenar las portadas, deseo de ensombrecer la labor de los compañeros a quiénes puede definirse como gente que ejerce las funciones que las leyes de la naturaleza impiden ejercer a Raúl o como “parte del conjunto necesario para que lo que hace Raúl pueda definirse como ‘deporte de equipo’”.

La gracia de los deportes de equipo radica precisamente en que obligan a cada uno a ejercer una función determinada para que colabore con el resto y conseguir así el máximo beneficio para el conjunto. Esto no va con Raúl. Me hace mucha gracia esa manida excusa, tantas veces oída en labios del astro rey madridista y de sus palmeros en los medios y fuera de ellos, según la cual el problema de que Raúl ya no sea el que fue reside en que juega muy lejos de su posición natural. El desubicado afectado en persona no pierde oportunidad de recordárnoslo en las ruedas de prensa y entrevista. El malo, por tanto, es el técnico de turno que le desaprovecha incrustándole en el centro del campo o váyase usted a saber dónde. Así, entrenadores con conceptos tan dispares sobre el fútbol como Luxemburgo, Queiroz o Capello coincidirían, sin embargo, en una cosa: no poner a Raúl en el sitio correcto. Vaya por Dios, ya es casualidad. Que Raúl jamás está donde debe es de todos conocido; que nadie sepa dónde ponerlo, me lo creo (porque hay que ponerle sí o sí); que todos esos técnicos, más López Caro, Camacho o García Remón coincidieran en ponerle siempre donde no podía desarrollar su juego, no me lo trago: al menos alguno, siquiera en algún partido, aunque fuera por casualidad, tendría que haber atinado. El problema real (y del Real) es que Raúl se pone donde le da la gana.

Volvamos al partido de ayer. Sin Van Nistelrooy el Madrid carecía de un delantero-centro puro que sirviera de referencia. El “elegido” fue, obviamente, Raúl. No esperábamos otra cosa de él más que “asumiera la responsabilidad”. El resultado fue que el Madrid jugó sin “nueve” mientras Raúl se dedicaba a recorrer el campo situándose Dios sabe dónde para hacer quién sabe qué y perjudicando al resto del equipo. Cómo sería la cosa que hasta el MARCorán, pese a ilustrar la portada con una foto de Higuaín, que realizó un notable encuentro aunque falló varias oportunidades claras en sus uno-a-uno con el portero alemán, no tuvo otra que reconocer por fin lo que es una verdad a la vista de todos: Raúl está más perdido en un terreno de juego que una sardina en el Sahara. “Resulta inexplicable la tendencia de del capitán a retrasar su posición cuando es el punta del equipo” escribe Pablo Polo. Ojo, que estamos hablando de Don “Se-que-no-soy-el-de-antes-pero-es-que-me-han-alejado-del-área” y que ayer, puesto como “punta del equipo” se dedicó a dar “aperturas a los costados” o “alguna pared que no terminó en buen puesto”.

Pese a todo, ¿saben a quién culpa el MARCorán del desastre de ayer? A Kaká por no haber venido.

3 comentarios:

Zinexine dijo...

Creo que una vez metió un gol de falta, si no me falla la memoria me parece que fue hace unos 9 años contra el Celta.

Que tiempos aquellos, me acuerdo que en ese partido tiraron unas 6 faltas al borde del área (Hierro, Savio, etc) y fallaron

Va el patachula y la clava rasita por bajo.

Tenía coña, suerte, le salia todo.


Vamos cuando era futbolista.

Nuevobernabeu dijo...

Corta el rollo Cerdo Cerdaker, en cuanto el Madrid empiece a funcionar bien volveremos a ver al mejor Raúl.

Por cierto ajo y agua, este año seguirá de titular indiscutible.

Kurdoraulista dijo...

Qué tiempos aquellos. 7 de abril de 2000.